La Mujer Mexicana como Estudiante de Educación Superior

Martha Córdova Osnaya

 Uno de los factores más importantes que ha sucedido en la vida de las mujeres durante el siglo XX en todo el mundo, es su entrada masiva a la educación, así como al empleo remunerado. En 1930 Gustave Cohen, profesor de la Facultad de Letras de París, citó lo siguiente:

“Si me preguntaran cuál es la mayor revolución a la que hemos asistido desde la guerra, respondería que es la invasión de la Universidad por las mujeres, quienes, rarísimas en el ámbito en mi juventud, hace treinta años, fueron primero un tercio, luego la mitad y finalmente dos tercios, de tal suerte que uno se pregunta con inquietud si después de haber sido nuestras amantes (maîtresses) no irán a convertirse en nuestros amos (maîtres)”. (Lagrave, Rose-Marie,1993, p. 90)

Dado que éste escrito se enfoca al ingreso de la mujer a la universidad en México como estudiante, en la primera parte se presenta el inicio del ingreso de la mujer a la educación superior desde el porfiriato hasta los años cincuenta, para posteriormente realizar una división por décadas; desde los sesenta hasta los noventa, que muestre el desarrollo de las condiciones sociales que han contextualizado este hecho.

Inicio del ingreso de la mujer a la educación superior

Es importante señalar dos cosas del ingreso de la mujer a la universidad; primero, su inserción se remonta al porfiriato, y segundo, su entrada a la profesional se ha acompañado de una u otra forma a su ingreso al mercado laboral.

La postura ideológica en tiempos del porfiriato de que la mujer sólo era capaz de realizar papeles afines a los que realizaba en el hogar se veía claramente reflejado en el marco educativo, existían instituciones de educación para niñas exclusivamente y para niños teniendo planes de estudio diferentes. Por ejemplo, había en el mismo nivel La Escuela Nacional Preparatoria (en donde asistían los varones, no es sino hasta 1907 que se registra el caso de una mujer en estas escuelas) y la Escuela de Instrucción Secundaria para personas del sexo Femenino. Los contenidos de los planes de estudio eran muy diferentes para ambas escuelas.

 En el caso de la Escuela Nacional Preparatoria pretendía una formación científica a la manera del positivismo, su lógica era ir de lo más abstracto a lo más concreto: se iniciaba con matemáticas (aritmética, geometría, trigonometría, y nociones de cálculo infinitesimal), se continuaba con ciencias naturales (cosmografía, física, geografía, química, botánica y zoología) como parte última se incluían materias como lógica, ideología, moral, español. Los idiomas estaban intercalados durante el plan de estudios (Velázquez, 1990, p. 224).

 En la Escuela de Instrucción Secundaria para personas del sexo femenino tenían las siguientes asignaturas: Ejercicios de lecturas de modelos escogidos escritos en español; Ejercicios de escritura y correspondencia epistolar; Gramática castellana; Rudimentos de álgebra y geometría; cosmografía y geografía física y política: especialmente la de México; Elementos de cronología e historia general; Historia de México; Teneduría de libros; Medicina (primeros auxilios); Higiene y economía doméstica; Deberes de las mujeres en la sociedad; Deberes de la madre con relación a la familia y al estado; Dibujo: lineal, de figura y ornato; Idiomas (Francés, Inglés, Italiano); música; Labores manuales; Artes y oficios que se pueden ejercer por mujeres; Nociones de horticultura y jardinería; Métodos de enseñanza comparados. Al terminar estos estudios las señoritas podían optar por el título de profesoras de primera clase, una vez examinadas y aprobadas o por otra parte ser unas buenas mujeres de hogar (Ibid., p. 224).

 Es obvio percibir que los planes de estudio estaban dirigidos al papel que uno y otro sexo desempeñaban en la sociedad: si la mujer se preparaba era para hacer un mejor papel dentro del hogar. Así, a partir de 1910 en que podemos decir que se inaugura la Universidad Nacional Autónoma de México¹, y a pesar de que de acuerdo a Daniel Cosío Villegas “de manera expresa se faculta a las mujeres para ingresar a las escuelas profesionales” (Ibid., p. 222), pocas son las mujeres que se atrevieron a realizar estudios superiores, ya que irían en contra de una “verdad” establecida, cabe aclarar que debido al proceso histórico que la mujer ha vivido, la elección que ha hecho de las profesiones no es gratuita sino que responde al papel tradicional de la mujer que se sintetiza en los estereotipos sexuales de aceptación generalizada, afortunadamente algunas se apartaron del modelo femenino aceptado, Barceló afirma: “La escuela jugó un importante papel en este sentido, pues a la vez que transmitió la ideología patriarcal, permitió que un buen número de mujeres pudiera prepararse para el trabajo. Así fue que en esa época aumentó el número de maestras y se graduaron algunas abogadas, médicas y dentistas” (Barceló, 1977, p. 100).

Se escribió acerca de la primera estudiante de derecho:

“Algunas veces los maestros no dejaban de demostrar su pena por tener que consentir en un absurdo, el de enseñar derecho a una mujer” (Ibid., p. 101).

Por lo que las mujeres que se atrevieron a emprender estudios profesionales, tradicionalmente destinados al género masculino, fueron mal vistas y criticadas, incluso por algunas mujeres de la clase media, que consideraban que tratar de romper con la dependencia económica al padre, esposo o hermano y la vida del hogar era sinónimo de “feminismo”. A pesar de ello; en 1887 se recibió la primera médica (Galeana de Valadés, 1989, p. 5), en 1898 se graduó la primera abogada (Barceló, op.cit., p. 101) y en 1909 se graduó la primera dentista (Ibid).

Por consiguiente; tanto las mujeres que lograron terminar estudios universitarios durante la época de porfiriato como aquellas que participaron en foros políticos y movilizaciones entre 1920 y 1940, iban en contra de toda la ideología hegemónica prevaleciente en esa época respecto de lo que debería hacer y ser una mujer, por consiguiente sólo fueron “algunas”. Con el transcurrir de los años estas “algunas”, se han convertido en “muchas”.

Ingreso de la mujer a la Universidad como estudiante durante los años cuarenta hasta sesenta

El ingreso de la mujer a la educación superior durante los años de 1940 y 1950, se considerara solamente en la UNAM por dos razones; en esos años la UNAM tenía una alta representatividad de lo que sucedía con los estudiantes en el país y por otra parte, no es sino hasta 1970 que la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior (ANUIES) presenta sus estadísticas de todas las instituciones superiores de todo el país (Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior, Anuario Estadístico, 1970).

Las mujeres que asistieron a la universidad durante los años de 1940 a 1950 de acuerdo a los anuarios estadísticos de la UNAM, eran el 20.73% en 1940; el 18.26% en 1950 y el 17.62% en 1960 (UNAM, Anuario Estadístico, 1940-1958).

En términos de porcentaje respecto a la población total hagamos el siguiente ejercicio mental: si en 1940 México tenía 19,653722 habitantes (Sexto Censo de Población 1940 (1943), Dirección General de Estadística, México), y estudiantes en la UNAM eran 13,547 ¿qué proporción del total formaban parte? La respuesta es después de algunos cálculos el 0.06% (ni siquiera el 1%). Es importante señalar que este 0.06% es el total de estudiantes tanto hombres como mujeres inscritos en la universidad del total de la población, de este 0.06% la quinta parte eran mujeres, es decir, el 0.012%. En términos prácticos, aproximadamente las mujeres que asistían a la UNAM era una mujer por cada 10,000 habitantes.

Haciendo otro tipo de cálculos podemos afirmar que en 1940 de cada cuatro hombres que estudiaban en la universidad una era mujer, en 1950 y 1960 de cada cinco hombres estudiantes una era mujer.

Ingreso de la mujer a la Universidad como estudiante durante la década de los setenta

En 1970, de acuerdo con el censo correspondiente, el grado de instrucción de la población era la siguiente: La asistencia a algún grado de la educación primaria de seis a 14 años, fue el 60 % para los varones y 58.2% para las niñas, es decir, del total de niños hombres entre seis y 14 años, seis asistían a la escuela primaria y cuatro no lo hacían, en caso de las niñas se puede decir en términos generales (o de redondeo) que la proporción fue similar entre hombres y mujeres.

A nivel de enseñanza secundaria, la diferencia entre sexos se hacía más notable, pues una mayor proporción de personas del sexo masculino contaba con ese grado de escolaridad. De la población total de jóvenes entre 11 a 18 años, sólo el 13 % de jóvenes varones asistía a la escuela y el 9% de señoritas, lo que implica que para 1970 (hace cuarenta años), de cada siete chicos entre 11 y 18 años solo uno asistía a la secundaria o prevocacional, en el caso de las señoritas por cada 10 mujeres jóvenes entre 11 y 18 años una asistía a la secundaria.

Como podemos ver ha medida que se asciende en el nivel educativo, la diferencia por sexos se amplía.

Ya en la preparatoria y vocacional, la diferencia entre el grado de concurrencia de ambos sexos es ya mucho más notoria, siendo la población masculina dos veces y medio mayor que la femenina (Mendoza, 1975), asistían de la población total 5.6% hombres y 2.2% mujeres de entre 14 y 20 años, lo que implica que por cada 10 jóvenes entre 14 y 20 años uno asistía a la preparatoria, en el caso de la mujer por cada 45 mujeres una asistía a la preparatoria.

En la profesional de una población de 16 años o más, el 1.5% de los hombres asistía a la universidad y de las mujeres el 0.5%, lo que implica que de cada 66 hombres de 16 años o más uno asistía a la profesional, en el caso de las mujeres por cada 199 mujeres una asistía a la universidad (González, 1986).

De acuerdo al Anuario de la Asociación Nacional de Universidades e Institutos de Enseñanza Superior para el año de 1971 algo más del 20% del total de la población escolar femenina se localizaba en la facultad de Filosofía y Letras, aproximadamente el 17% en Medicina y el 9.2% en Odontología, el 13 % a Comercio y Administración y el 12 % a Derecho, 2% en arquitectura y 0.4% en Ingeniería ( ANUIES, 1970, Anuario Estadístico).

Para 1977 de la matricula de educación superior de acuerdo a la ANUIES el 27.3% correspondió a las mujeres y el resto 73.7% a los hombres (ANUIES, 1977, Anuario, Anuario Estadístico ), lo que significó para ese año que por cuatro hombres que estaban estudiando en la universidad había una mujer.

Ingreso de la mujer a la Universidad como estudiante durante la década de los ochenta

Durante ésta década continúo sosteniéndose en la educación básica el 50% de niños y 50% de niñas.

De 1983 a 1989 se disminuyó drásticamente el gasto destinado a la educación, este recorte se tradujo en: disminución salarial, baja del gasto por alumno, nula construcción de universidades públicas, falta de materiales de trabajo, deterioro de las condiciones generales de enseñanza y la investigación, incluso la disminución de la matricula en las Instituciones de Educación Superior -IES-. (Osorio, 1998).

De acuerdo a la ANUIES en 1980 el 30% de la población a nivel licenciatura eran mujeres, para 1984 eran el 32%(ANUIES, 1984, Anuario Estadístico).

En el ámbito de la enseñanza media superior, el 40.05% de la población estaba constituida por mujeres (Galeana de Valadés, op.cit.).

En 1980 del total de mujeres que estudiaban en el nivel licenciatura, el 80% se encontraba en áreas de estudio como las Ciencias Sociales, Administrativas y de la Salud (Osorio, op. cit.). Por otra parte, las carreras correspondientes a Ciencias Agropecuarias, Ingeniería y Tecnología estaban ocupadas por el 85% del sexo masculino, mientras que las de Educación y Humanidades estaban ocupadas por el 56.78% de mujeres (Ramírez , 1989).

En los diez años de la década de los ochenta (de 1980 a 1989), el promedio en porcentaje de la población integrada por mujeres en las licenciaturas de la universidades e institutos tecnológicos en México fue del 34.38% (ANUIES, 2003).

Ingreso de la mujer a la Universidad como estudiante durante la década de los noventa

 En la década de los noventa se mantiene la proporción de niños y niñas en la instrucción primaria, es decir, aproximadamente 50% y 50%.

Por lo que hemos revisado sabemos que ésta proporción va disminuyendo en las mujeres conforme se avanza en el nivel educativo. Sin embargo, es en esta década siendo hasta 1998 y 1999 que la mujer alcanza una proporción del 46%( Ibid).

En los diez años de ésta década, las mujeres en promedio constituyeron el 44.31% de la población que estudiaba en universidades e institutos tecnológicos de México (Ibid).

En esta década las áreas de estudio en donde hubo un porcentaje mayor de la presencia de la mujer respecto del hombre (más del 50%), fueron: Educación y Humanidades 65.6%, Ciencias de la Salud con un 57.9%, y Ciencias Sociales y Administrativas con 54.7% (Ibid).

Ingreso de la mujer a la Universidad a partir del Nuevo Milenio

 A partir del año 2000 es que la mujer en la educación superior alcanza el 47%, llegando casi al 49% (específicamente 48.72) en el año 2003. De acuerdo a la ANUIES la presencia de la mujer supera al de los hombres en las siguientes áreas de estudio: Educación y Humanidades con el 66.7%, Ciencias de la Salud con el 61.7%, y Ciencias Sociales y Administrativas con el 58% . A pesar de que en la década de los noventa la presencia de la mujer en el área de Ciencias Naturales y Exactas no era muy fuerte, para el año 2003 es casi equiparable al del hombre; 47.8%.

 Como un buen pronóstico se considera que para el año 2005 el ingreso de la mujer a la educación superior será equiparable al del hombre, estadísticas que la ANUIES todavía no tiene, sin embargo, la UNAM publicó en la Gaceta del mes de marzo que tiene una matricula estudiantil femenina del 52%, considerando aquí también a los alumnos de bachillerato (Gaceta. UNAM).

 La revisión anterior conduce a las siguientes conclusiones:

 El sistema educativo mexicano no propicia la desigualdad entre los sexos, hay otros factores involucrados en dicha desigualdad, factores que deben ser investigados, los cuales pueden tanto socioculturales como psicológicos.

 El ingreso de la mujer al sistema educativo profesional ha tenido desde los años de 1980 a 2003 un incremento del 20 por ciento, lo que equivale a un asenso aproximadamente de una unidad porcentual anual.

 Las ciencias “duras” han sido disciplinas consideradas en nuestro país como masculinas. Las mujeres habían sido estereotipadas por no tener dedicación, manejo, objetividad racional o la creatividad intelectual necesaria para el éxito científico. Es a partir de la década de los noventa que la mujer empieza a tener una mayor presencia incluso en áreas de estudio no consideradas “femeninas”. Para el año de 2003 casi es equiparable su estancia al del hombre en áreas como ciencias Naturales y Exactas.

FUENTE:

http://www.psicolatina.org/Cuatro/mexicana.html

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